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2007-04-24

Rebasa las expectativas previstas la presentación de Silvio Rodríguez en el Zócalo

Con la asistencia de más de 50 mil espectadores, cifra que rebasó las expectativas previstas, el cantante Silvio Rodríguez otorgó a los capitalinos Una Noche para México, lo que sirvió para la presentación de su nuevo disco Érase que se era y mereció del Gobierno de la Ciudad un reconocimiento que le otorgó el director general del DIF, Jesús Valencia Guzmán.

Miles de voces, jóvenes la mayoría de ellos, entonaron las canciones que el poeta cubano ha interpretado desde hace casi 40 años, porque además del material que presentó –que incluye temas de 1968 a 1970--, acompañó los recuerdos de los asistentes con temas musicales que ya forman parte del dominio público.

El Papalote, Gaviota, Ojalá, El Unicornio Azul y Te doy una Canción, fueron quizá las que cimbraron más íntimamente a los chilangos, quienes no se movieron de su lugar a pesar de la incipiente llovizna que los amenazó apenas se ocultó el sol.

Pero para Silvio no fue suficiente haber atrapado los recuerdos y la intimidad de los asistentes, había que acudir a su compromiso ideológico, por lo que recordó el drama de Auschwitz en un poema de Luis Rogelio Nogueles, quien sufrió en carne propia la barbarie de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

Y ese apenas fue el preámbulo para interpretar La Canción del Elegido, que coreaban igual quienes se ubicaron más cerca del escenario, que quienes permanecieron resguardados en los portales del Gobierno capitalino y coincidieron en que el personaje actuaba conforme a su conciencia cuando iba matando canallas con su cañón del futuro.

Las gotas de lluvia apenas rociaron a los asistentes, pero no impidieron que algunos bailaran con el son cubano Chan Chan, que tocó el trío Tovarroco en homenaje al recientemente desaparecido Compay Segundo. Acompañó a los virtuosos de la guitarra el percusionista Oliver Valdés y todo fue ritmo en el Zócalo, ritmo que embelesaba o de plano ignoraba el agua del cielo.

Silvio retornó al escenario, esta vez montado en el recuerdo de un Unicornio Azul perdido varias décadas atrás, pero cuyo galopar aún es contundente, lo que pudo notarse en miles de voces que entonaron con el cantante sus estrofas.

El autor de Ojalá y La Maza estuvo acompañado por su esposa Niurka González, quien tocó la flauta y el clarinete en la mayor parte de las canciones, así como por los integrantes del Trío Trovarroco y el percusionista Oliver Valdés.

Como siempre, el cierre fue lo más difícil, la multitud aclamó a Silvio cada vez que dejaba el escenario, por lo que regresó a ejecutar su música cuatro veces, la última de las cuales interpretó El Colibrí canción de cuna que le cantaban su madre y su abuela para arrullarlo y que fue el mejor regalo que, según dijo, podía hacer a los asistentes y a México.

Cabe resaltar, como se hizo público por parte de la Secretaría de Cultura y el DIF, que Silvio Rodríguez ofreció su concierto totalmente gratis, lo cual significó que no sólo él, sino incluso sus músicos no cobraron sus honorarios.


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