Las casas de la ciudad y su sala de cabildo
Sobre las ruinas humeantes de la Ciudad de México-Tenochtitlan, finalmente derrotada por los conquistadores el 21 de agosto de 1521, erigieron los españoles los asientos del nuevo poder; así, al costado sur de lo que fue el real palacio de Moctezuma, se proyectó levantar uno nuevo y se designaron seis solares en la Plaza Mayor para construir la sede del Ayuntamiento de la Ciudad de México.
La edificación de estas casas se inició en una esquina de la plaza y la calle de La Monterilla (hoy 5 de Febrero) en noviembre de 1523 bajo la dirección del albañil Alfonso García, (homónimo del famoso alarife). El 28 de marzo de 1530, comenzó la ampliación de las llamadas entonces Casas Nuevas del Consejo.
A pesar de sus humildes orígenes, las Casas del Ayuntamiento tuvieron una enorme importancia política y simbólica porque eran representación de la propia Ciudad de México y de sus habitantes y porque, como dice bien Guillermo Tovar de Teresa: "Esta casa que ha sido conocida como el ayuntamiento, es el cuerpo de representación popular que se ocupa del gobierno y administración de la ciudad".
En el siglo XVI solo ocupo cuatro de los seis solares que inicialmente se le asignaron. En los dos restantes se coloco la fundicióndela Casa de Moneda y aún así, las edificaciones fueron pobres y pequeñas. Allí se apiñaban la casa del cabildo, la cárcel pública, las tiendas de arrendamiento, las carnicerías y los corrales del consejo, una insalubre acequia al frente completaba el panorama.
Sin embargo, Francisco Cervantes de Salazar nos ofrece en 1554 una primera descripción elogiosa del Ayuntamiento y dice: "... arriba está la sala de cabildos, famosa por su galería de columnas y arcos de piedra con vistas a la plaza".
El espacio interior más relevante de las casas de cabildo era -nos dice Efraín Castro Morales-, sin duda, la gran sala donde se reunía periódicamente en ayuntamiento el cabildo, edificada en la tercera o cuarta década del siglo XVI; estaba en la parte alta, comunicaba con el corredor que se abría a la plaza mayor y estaba cubierta con una techumbre de vigas y terrado.
En 1624 ocurrió un motín popular que arruinó el edificio; en 1629 la ciudad sufrió una espantosa inundación que originó el despoblamiento casi total de la capital y para cerrar el siglo, otro motín popular, el de 1692, originó el incendio del Palacio de los Virreyes y el del Ayuntamiento. Esta fue la ocasión en la que en una heroica acción, don Carlos de Sigüenza y Góngora logró salvar de las llamas una parte importante del Archivo del Ayuntamiento. En el siglo XVIII la ciudad comenzó a superar sus más graves problemas y se inició un periodo reconstructivo que alcanzó al Palacio del Ayuntamiento. En 1713 el gran arquitecto Pedro de Arrieta, a quien auxilió Antonio Álvarez de la Cadena, inició la reconstrucción del Palacio del Ayuntamiento.
La remodelada Sala de Cabildos del Ayuntamiento con el diseño definitivo que hoy conocemos, se estrenó el 27 de junio de 1721. En esa misma fecha se comenzaron a colocar los retratos de los virreyes.
El advenimiento de la Independencia en el siglo XIX trajo pocos cambios para el Palacio del Ayuntamiento y su Sala de Cabildos; las luchas intestinas en cambio, sí los afectaron: el 15 de julio de 1840, durante la revolución federalista, el edificio sufrió severos daños y en agosto-septiembre de 1841, durante el motín de la Ciudadela fue ocupado por las tropas que causaron grandes destrozos, “quedando destruido el lado de la esquina que mira al poniente, hechos pedazos los balcones y formadas grandes aberturas en las paredes".
En 1880, como el número de regidores había aumentado, la Sala de Cabildos resultó incómoda e insuficiente para las sesiones, no sólo por falta de mobiliario, sino por sus reducidas dimensiones. Se acordó entonces pedir a Alejandro Casarín -escultor y autor de la célebre estatua de los Indios Verdes- que hiciese algunos dibujos "para reformar y mejorar el salón de cabildos"; desafortunadamente, por insuficiencias presupuestarias, estas reformas no se hicieron.
En la última década del siglo XIX, el Ayuntamiento fue objeto de una nueva remodelación que se hizo bajo la dirección del arquitecto Manuel Gorozpe. En 1893 el techo fue decorado por el pintor michoacano Félix Parra; así, en el plafón central en la Sala de Cabildos se pintó una escena a cielo abierto: en ella se representa como punto central una alegoría de la patria, en cuyo entorno se reúnen personajes diferentes que forman parte de la historia de México, desde la época de la Conquista hasta el gobierno de Porfirio Díaz.
La remodelación de la fachada fue inagurada en 1921, cómo parte de las festividades del Centenario de la Consumación de la Independencia por el general Álvaro Obregón.
Así, a lo largo de más de cuatro siglos, la Sala de Cabildos ha sufrido múltiples reparaciones y transformaciones; todos estos cambios fueron pensados para darle un aspecto confortable, limpio y digno al Ayuntamiento de México.
Esta sala permaneció por siglos cerrada al público; sólo con la llegada de un gobierno del Distrito Federal electo democráticamente se decidió abrirla para todos como museo.
De esta manera, su extraordinaria colección de retratos de los virreyes de la Nueva España, su lujoso e histórico mobiliario, su plafón decorado por Félix Parra y su riqueza arquitectónica, pueden ahora ser conocidos y disfrutados por todos.