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Más de 30 películas de la isla, filmadas entre 1961 y 2009 en el FICC

Cine cubano desembarca en la Ciudad de México

  • Cuba será el país invitado a la primera edición del Festival Internacional de Cine de la Ciudad de México; con una mirada que refrescará la memoria sobre la isla y aportará nuevas coordenadas

    • En diversas sedes de la capital del país, de entre las que sobresale el Munal

    Para muchos mexicanos, decir Cuba es sinónimo de Fidel, de la insurgencia, del Che Guevara, El Tropicana, pero esas ideas con las que asociamos a la isla son parte de la historia —la de ellos y la nuestra porque también México tuvo algo qué ver con los sucesos de la Revolución Cubana— pero el tiempo pasa y no caben ya versiones idílicas. Cuba es su gente a pesar del bloqueo, es un malecón y la Habana vieja, es muchas cosas pero lo real es que el cine cubano por ejemplo, poco se ha visto en nuestro país y el mundo, salvo contadas excepciones, algunas cintas o documentales vienen y se ven en los pequeños círculos cinéfilos. El cine cubano en la primera década del siglo XXI es un hormiguero, mi socio ¿Dónde está parado el cine cubano hoy? Justo cuando Cuba será el país invitado a la 1ª. Edición del Festival Internacional de Cine de la ciudad de México, se antoja una mirada que refresque la memoria sobre la isla y aporte nuevas coordenadas.

    El cine cubano. El origen

    Para muchos, la historia del cine cubano empieza en 1959 cuando se creó el ICAIC (Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica). Sin embargo, y  en un ejercicio modesto de historiografía del cine isleño, la función de divulgación y difusión cultural de esta forma de expresión artística, incluso cierto desarrollo ya estaba en marcha desde los tempranos años de la década de los cincuenta. Ramón Peón, por ejemplo, que ya poseía una indiscutible y amplia filmografía como director —algo así como el Griffith  cubano, director de la Virgen de la Caridad (1930) y que filmó también en México— escribió en un febrero soleado del 59 al Comandante Castro: “La educación audiovisual, doctor Fidel Castro, puede ser el más eficiente y poderoso aliado del Gobierno… escribió, yo tengo tanta fe en que el cine pueda ser su mejor aliado en la reestructuración de la nueva Cuba que soñó Martí…”

    Por alguna razón, Ramón Peón no figuró en los planes que la Revolución Cubana tenía para “construir” su industria cinematográfica, tampoco Julio García Espinosa que con los jóvenes, Gutiérrez Alea, Massip y Haydú filmaron el famoso documental El Mégano, pero las trayectorias de Ramón Peón, Manolo Alonso, Mario Barral y de Ernesto Caparrós, entre otros, pueden completar la configuración de un proceso cultural que, no en balde, devino insoslayable dentro del contexto latinoamericano de la época.  Soñó Martí, dijo Peón y soñamos todos en esos años.

    El país caribeño mostrará una retrospectiva de su cine y éste tiene sus muestras fundacionales tomando en cuenta que hay un antes —porque nadie inventa el hilo negro— y un después, que está cuando el futuro de la tecnología nos alcance o la alcancemos: Desde La Virgen de la Caridad (1930), título que marca el final de la etapa silente, y que tanto impresionara en su momento al historiador francés George Sadoul, como Memorias del subdesarrollo (1968), de Tomás Gutiérrez Alea; Lucía (1968), de Humberto Solás; Retrato de Teresa (1979), de Pastor Vega, y Fresa y chocolate (1993), de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío. “Con esta retrospectiva comenta, Rosa María Rovira García, funcionaria del ICAIC, daremos dar a conocer al público mexicano la diversidad temática y estética de la cinematografía cubana en sus diversos géneros. Reflejará nuestras  raíces así como nuestra problemática social, histórica y contemporánea”.

    A más de 40 años de esos títulos fundacionales, la temática del cine dentro de la isla es una imagen en mil cuadros por segundo.  Los jóvenes o al menos quienes han logrado completar sus películas desde 1990, según Joel del Río en su artículo, Insurgencia, dinámica y potestad del cine joven en Cuba y, pese al bloqueo y las carencias, se observan en cuatro o cinco grandes planos: “La pobreza material, gente olvidada y la ruralidad; niños y jóvenes frente a la emigración; la historia y la cotidianidad sobre el individuo, erotismo, desencanto, jóvenes en la marginalidad, violencia doméstica y la ancianidad”, entre otras.

    El visitante distinguido

    Los Dioses rotos, (2008) de Ernesto Daranas, la película cubana que concursará en la Primera Edición del FICCM por ejemplo, puede considerarse un medio en el camino de lo fundacional y lo consolidado. Los Dioses rotos,  narra la experiencia de una mujer que realiza una investigación acerca del famoso proxeneta cubano Alberto Yarini y Ponce de León, asesinado a balazos por sus rivales franceses que controlaban el negocio de la prostitución en La Habana de comienzos del siglo XX. Daranas es un director reconocido y respetado en el mundo, estará presente en la Primera Edición del FICCM  y los jóvenes ya lo miran como un clásico.

    Para el crítico de cine, Los Dioses rotos, el primer largometraje de Daranas, es  todo un suceso en Cuba, “no solamente por el tema que aborda y el retrato social de la Cuba de estos años sino porque, efectivamente, recoge mucho de la tradición de su filmografía (muy acostumbrado a ver para adentro) y la trae a nuestros días. Es importante que en México se conozca la trayectoria de un comunicador como él, que si bien ahora hace cine, ha trabajado prácticamente en todos los medios masivos. Eso sin duda le ha abierto los ojos y le quitó la presunción y la pretensión que otros directores hubieran adoptado casi de entrada pues al mudar de un medio al otro la autocrítica es casi un método, algo que se nota en Los Dioses rotos”.

    Aunque hay que tomar en cuenta que “hacer cine en Cuba a pesar del bloqueo tiene los mismos obstáculos que en cualquier lugar del mundo —dice Rosa María Rovira, directora de Relaciones Internacionales del ICAI— los costos de producción para un cine no comercial son elevados además de las dificultades que implica poder asistir a los procesos tecnológicos más avanzados”.

    Sin embargo, parecerá que el cine isleño está a punto de hacer una explosión que llegará de todas formas al resto del mundo, sólo es necesaria una pequeña fisura.  Los creadores visuales se “multiespecializan”: hacen guiones, documentales y películas de largo aliento; este es sin duda un entrenamiento intensivo por lo que es común que la comunidad cinematográfica en Cuba se atomice de pronto. Pero los jóvenes empujan y empujan fuerte dentro y fuera de la isla.

    La indiscutible atomización de opiniones, estéticas y propósitos se encuentran lo mismo en el interior del ICAIC que en sus márgenes, y sería injusto culpar en exclusiva a quienes producen al margen del ese instituto por carecer de un alto sentido de pertenencia respecto a un movimiento estético o credo generacional. Si bien se extraña entre los jóvenes la sintonía conceptual que animaba, por ejemplo, la filmografías de Santiago Álvarez, Nicolasito Guillén Landrián, Sara Gómez y Oscar Valdés, tampoco puede negárseles que, a su modo, intentan atrapar el espíritu de esta muy distinta época. Ellos comparten, eso sí, espacios de realización, edades y angustias creativas, pero muy pocos, si acaso alguno, aspira a culminar la obra de arte total, única, renovadora y transgresora, porque tal obsesión proviene de la concepción idealista sobre el creador romántico pregonada en el siglo XIX y el vanguardismo del XX.

    Demasiadas decepciones, caudillismos inoperantes, demagogias y totalitarismos ha padecido el ideal del artista iluminado y junto al pueblo, para que sigamos midiendo la eficacia y eficiencia de una generación de creadores con los mismos arbitrios que hace 30 o 40 años. Habrá que buscar, en esta gran ventana que es la Primera Edición del  Festival Internacional de la Ciudad de México,  la singularidad de los nuevos, tal vez, en el tratamiento de temas raciales, sexuales, clasistas, ideológicos, existenciales y artísticos desde una óptica bastante desacostumbrada, por insolente y expedita.

    Las mujeres: invisibilidad involuntaria

    En  todo lo ancho y largo del orbe las mujeres han tenido por decirlo de alguna forma, una presencia bastante tímida.  Danae Diéguez, profesora de la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual del Instituto Superior de Arte (ISA) de la isla, dedicó especial atención al estudio de la presencia femenina en la cinematografía local, donde "la voluntad política no ha bastado para eliminar el machismo y la cultura patriarcal". Diéguez, que preparó un estudio doctoral cuyo título es  "Mujeres detrás del lente. El audiovisual cubano dirigido por mujeres”, considera que se trata de un fenómeno cultural y económico.

    Por su parte, la directora cubana Mayra Vilasís dijo al respecto en alguna ocasión: es "más fácil ser pilota de aviación que directora de cine". Dentro del ICAIC, exceptuando a Sara Gómez, ninguna mujer ha podido realizar un largometraje de ficción. Hubo que esperar a "Mujer transparente", en 1991, para encontrar las historias de ficción de tres directoras (que trabajaron en equipo con dos hombres). Por lo tanto, todas realizaron documentales, cuya recepción, sabemos, es diferente y minoritaria.

    Otras directoras han surgido fuera de la gran industria. Aunque algunas tienen un camino de crecimiento y una trayectoria  intensa, se mantienen fuera del centro que legitima la realización cinematográfica en la isla. El quehacer cinematográfico, hay que reconocerlo, es históricamente masculino, pero poco a poco, en el mundo “occidental” incluso en países donde el respeto a los derechos humanos es total, la cantidad de realizadoras sigue siendo una minoría. Quizás la clave en la realización pueda estar en las posibilidades de acceder en condiciones de equidad para concretar algún proyecto.

    2011: ¿El año de la Isla?

    La industria cinematográfica  pasa por épocas de recorte presupuestal, incluso el cine de Hollywood y en Cuba se habla de un relevo en la cúpula del organismo estatal que dirige el sector. Estas son preocupaciones reales de los cineastas dentro de la isla y habrá que adaptarse.

    Humberto Solás, (1941-2008) uno de los pilares fundacionales del cine isleño y principal del Festival internacional de Cine Pobre, algo así como el Sundance cubano promovió obras ejecutadas con bajo presupuesto y donde quiera que se realicen. El autor de Lucía (1968) encabezó ya seis ediciones anuales del encuentro, con sede en Gibara, puerto pesquero nororiental donde filmó esa cinta emblemática del cine cubano. Los jóvenes han participado y vale la pena decirlo: rabiosamente.

    Pese a las carencias y a la incertidumbre, el 2010 fue un año pródigo en todos los sentidos.  El número de filmes producidos o por producir aumentó considerablemente. El ICAIC por su parte se encuentra en la producción de siete largometrajes y los saltos creativos continúan: del guión a la televisión, de ahí al cine, de ahí al documental, etc. En Cuba soñó Martí decíamos, y sus jóvenes lo harán ahora, tal vez con una visión reloaded.

     

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